APOLOGÍA
Pasquín
¡SEA PREVISOR! ¡LÉANOS YA Y
CUANDO SEAMOS FAMOSOS PODRÁ HACERSE EL CANCHERO FRENTE A SUS AMIGOS DICIENDO
“AHORA ES MODA, PERO CUANDO YO LO LEÍA NO LO LEÍA NADIE”!
Otras noticias:
¡TUVO
SEXO POR INTERNET Y EMBARAZÓ A SU COMPAÑERA!
"Juro que solo apreté ENTER" -declaró el acusado.
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EDICIÓN
ANTI-COHERENCIA: ¡GRDLÑ BRTXGLB!
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Editorial
Dicen que mis escritos son una constante defensa del fracaso debido a mi postura de “perdedor romántico”. ¡PUES NO! Si bien durante largo tiempo afirmé que perder era más poético que ganar y que ser un artista sufrido le daba mayor profundidad al arte, hoy día reniego de eso (máxime luego de haber llegado al absurdo y humillante límite de intentar sufrir para ver si escribía mejor). Y la verdad es esta: el fracaso me parece más divertido. Los problemas, los miedos, las inseguridades, las expectativas defraudadas, las sospechas y la paranoia me apasionan y resultan terreno fértil para escribir, conversar y calmarme. Creo que los antihéroes nos humanizan (así como “Los Simpson” normalizaron el hecho de que las familias no sean exponentes típicos e ideales de armonía, por dar un ejemplo).
No busco regodearme en mi propia mediocridad como un cerdito en el barro, pero tampoco asumir el reto norteamericano y épico del “debo superarme a mi mismo”.
En el fondo siento una culpa bastante ambigua al pensar que estoy predisponiéndome a pasar el resto de mi vida entre la angustia y la satisfacción de no haber llegado a ser “ALGO” o alguien importante en este mundo. Por otro lado, me fastidiaría la altanería de ponerme de pie y presentarle batalla a la vida para lograr mis objetivos. Y es que no quiero ser un soldado.
Bueno, esta editorial era para explicar la continua alusión al fracaso y (como siempre) terminé mezclando varios temas sin desarrollar ninguno. De todas maneras, si buscan historias en las que todo sale bien y James Bond sabe todos los trucos, están en la revista equivocada. O tal vez no.
SEBA DANTÍ
e-mail:
pasquinapologia@yahoo.com
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Sección cositas sueltas
Hey
manzana,
Fruta
tibia,
Durazno
triste
Uva
cualquiera del racimo
Trocito
de melón sangrando semillas en la vereda
solo quería decirte
que todavía me duele
saber que tu jugo nunca podrá ser el mío.
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Buenas tardes. Hoy me encuentro sereno, reflexivo y con ganas de compartir mis experiencias. Previo a todo me gustaría explicar el por qué del título de esta nota: rimaba.
Estuve
una hora debatiéndome entre “Me vaya bien o mal tengo una duda existencial”,
“Una de arena y una de cal con una duda existencial” o “Usted no vaya a pensal
con la duda existencial”. Y es que creo firmemente que lo realmente impactante
de algo es su título. Por eso siempre me ha sucedido que todos mis libros y
programas han tenido excelentes títulos pero un contenido de porquería. Con mis
hijos me pasó lo mismo: tenían nombres preciosos, pero eran unos pelotudos.
Recuerdo
la época en que fui jefe de redacción de un importante diario hoy desaparecido
y me obsesioné con que los titulares tengan rima. Así fue que salieron tapas
como “El ministro de economía ha renunciado este día”, “Corrupción en el
gobierno durante todo el invierno” o “Bajó la bolsa dos puntos y algunos otros
asuntos”. Al tiempo de trabajar en eso, me agarró la manía compulsiva de rimar
TODO. Mis amigos y compañeros de trabajo se negaban a salir conmigo, pues me
había convertido en una persona absolutamente insoportable. Recuerdo cuando fui
a un restaurante y le dije al mozo: “-Buen día, Señor Camarero, traigamé el menú
entero”, luego “Quiero pechuga de pollo, si no le causa un embrollo”, y más
tarde “Je, je, je, je, je, ¿me traería un café?”. Él no lo resistió más y me
respondió: “Créame cuanto lo siento: retírese del establecimiento”.
Otra
de mis obsesiones al pasear por la ciudad es mirar los nombres de los negocios
y siempre llego a la conclusión de que son increíblemente idiotas: mezclas de
palabras, términos en inglés, nombres propios, etc. Con las bandas de música
pasa lo mismo: escriben orgullosos sus nombres patéticos y horribles en las
paredes. Se pasan un par de noches pensando cómo ponerle a la banda y terminan
llamándose “Madre Marihuana” o boludeces así. ¡Qué estúpidos son! Y ni hablemos
de las calles: me asquean los nombres de próceres, provincias, países, ciudades
y muertos que tienen. ¡Odio decir “nos encontramos en Callao y Avenida
Belgrano”! ¡Que porquería, que falta de vitalidad, que patetismo triste y
depresivo! ¿Les parece que una calle se llame “Combate de los Pozos”? Nombres
de militares, fechas, batallas y provincias podrían ser fácilmente reemplazables
por un “Vaca Muuuu”. “Vaca Muuuu” sería excelente para una avenida: nos encontramos
mañana a las once en Vaca Muuuu y Señor Contento. Es mucho mejor que Rivadavia
y Alberti, o Santa Fe y Ayacucho. Esa formalidad va a terminar por matarnos.
Así como se cree que la mano dura soluciona la delincuencia también se cree que
la formalidad es sinónimo de responsabilidad y efectividad. ¡Pues no, mis
queridos inocentes! ¡Derrumbemos esos mitos! Atengámonos a las formas y no a
los contenidos. Voy a ponerle nombres de comida a todas las calles como
“Chucrut”, “Ensalada con huevo” o “peatonal Albóndiga”. No niego que habría
problemas del tipo: “uy, ¿dónde cité a mi novia? ¿era
en la calle Papa Rejilla, en la avenida Papa al Horno o en la plaza Puré?”.
Lógico:
seguro están pensando que soy bastante imbécil. ¡Pues no! Los imbéciles son
ustedes, que no me entienden. Si no podemos modificar el INTERIOR de la
realidad, modifiquemos sus CONTORNOS. Hay que pintar los autos de colores fluo
y las universidades, los municipios y las reparticiones públicas de rojo sangre
y dibujar las baldosas y las paredes con rayas de colores hasta lograr que
salir a la calle sea lo más parecido a tomar un ácido. El segundo paso es
llenar de bancos de plaza todas las veredas, poner parlantes pasando música y
hacer más peatonales.
De
mientras seguiré viviendo en un edificio gris, y caminando por calles con
nombres de guerras y países, mirando el asfalto negro y quebrado y esperando
algún cambio político y social. Gracias.
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Sección Leyendas Urbanas
EL LAVADERO DE LA MUERTE
Vivimos rodeados de misterios. (punto aparte)
De misterios insondables. (Punto
seguido, coma, punto aparte, margen de 0,
De sucesos que ni la más
arriesgada de las mentes puede llegar a concebir en sus más delirantes
suposiciones.
De hechos que escapan a la razón
humana y extraterrestre.
De fenómenos que nosotros, cual
minúsculos granos de arena en el marasmo universal no tenemos ni la más mínima
noción, ni el más mínimo concepto, ni el más mínimo atisbo, ni la más mínima
sospecha.
Hoy develaré uno de estos
misterios. (Fin de la introducción, subtítulo, párrafo siguiente)
Sí. Hoy quiero hablarles del
lavadero de la muerte. ¡No, no cierren la revista! No teman. Nada les pasará.
Sé que estoy jugando con fuego, que estoy entrando en el fangoso terreno de lo
desconocido y puedo morir al revelar esto. Pero no me importa.
Bueno, un poco me importa, pero no
me importa que un poco me importe. Alguien tiene que hablar. Y yo soy el
elegido.
En la intersección de las calles
Gral.Rodriguez y Coronel Augusto Matanza del barrio Comandante Lazzara, se
encuentra emplazado un maxikiosco llamado “Tío Rúben”. Siguiendo cuatro cuadras
derecho, tomando una calle cortada y doblando a la izquierda dos, no, perdón,
tres cuadras, agarramos por la diagonal y llegamos a nuestro objetivo: un modesto
negocito barrial denominado “Lavadero Buenito”.
El destino es irónico. Sí. Y hago
oraciones cortas porque quedan más dramáticas.
Dentro del “Lavadero Buenito”
ocurren las cosas más malvadas. La gente entra feliz e ilusionada llevando su
ropa sucia con la secreta (o no tan secreta) esperanza de ver como recobra su
blancor y pierde el aroma a sudor y suciedad. Pero –me pregunto- ¿acaso el
lavadero satisface esa necesidad?
Claudio R., sodero soltero de 34
años, brindonos el siguiente testimonio:
“Hola. Mi nombre es Claudio Erre. Soy un sodero soltero de treinta y
cuatro años.” y antes de poder seguir hablando abrió los ojos bien grandes, se llevó
las manos al cuello y murió. Analizamos el café que estaba tomando y
encontramos restos de jabón en polvo baja espuma. Creemos que Claudio R. fue envenenado por la secta que
opera en el Lavadero “Buenito” con el fin de que no revele ninguno de los
extraños sucesos que allí acontecen.
Luis
N., Miguel A., Lucía D., Mario H., Carolina L. y Nora Fernandez (ay, perdón, se
me escapó el apellido) eran nuestros siguientes testigos y todos fueron
asesinados momentos antes de declarar.
Miguel
A. fue metido en un lavarropas tambor horizontal y luego trasladado a un secador
que lo hizo girar a más de 120 r.p.m.
Las vísceras de Lucía D.
aparecieron prolijamente colgadas secándose al sol en su terraza.
El cuerpo de Mario H. apareció
doblado y planchado en una bolsa transparente.
¿Fueron muertes accidentales? Sospechamos que no.
Hay quienes aseguran que los
lavarropas del Lavadero “Buenito” funcionan con tracción a sangre. Otros hablan
de una extraña espuma roja surgiendo de los desagües. Algunos vecinos
afirman que la ropa allí lavada retorna a los hogares portando unas minúsculas
sanguijuelas en su interior que buscan adherirse a los tejidos humanos con el
fin de apropiarse de sus voluntades.
¿Verdades? ¿Habladurías? No lo
sabemos. Alguien quiere hacernos callar, pero nosotros somos periodistas y
temerarios (en ese orden) y si no nos matan antes prometemos más informaciones
para el próximo número.
Y si nos matan antes, no.
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MI PEOR ENEMIGO
Si bien la confianza en uno mismo es algo realmente valioso, para mí resulta una utopía. Y no lo digo en sentido metafórico, pues hoy me dí cuenta que nunca podré volver a confiar en mí. Soy mi peor enemigo y me hago caer en las trampas más estúpidas: tropiezo por la calle, mezclo vino con sandía, me empujo por las escaleras y cruzo las avenidas con luz verde. Pero esto no es nada: por la noche despierto sobresaltado viendo como uno de mis brazos intenta ahorcarme mientras el otro se lo impide. Desde entonces sé que una parte mía quiere matarme y tengo miedo. Mi cuerpo entró en un estado de anarquía no planeada y está empeñado en destituirme del poder de mí mismo. Es por eso que cada día voy volviéndome más torpe, inoportuno, desubicado, dubitativo y cobarde. De todas maneras, si llegara a asesinarme todos creerían que fue un suicidio y mi parte criminal quedaría impune. Tendría que dejarle una carta al juez explicándole como es la cosa. Igualmente sería inútil, porque si yo muero también muere la parte que me asesina, a no ser que siga viva y se haga pasar por mí.
Por eso desde ya les aviso: si en un futuro cercano notan que estoy distinto, quiere decir que me asesiné. En ese caso les pido por favor que llamen de inmediato a la policía denunciándome por homicida. Si llego a estar vivo, intentaré salir del brete. Si llego a estar muerto, se habrá hecho justicia.
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Autobiografía
mía /1
Lo
primero que oí en mi vida fue la voz del médico diciendo: “Señora, este chico
ya está naciendo, no puedo abortarlo!!!!”. Y es que
mis padres siempre fueron malos para calcular las fechas.
Recuerdo
que a los 7 años, luego de haber jugado con mis amiguitos a vomitar toda la
casa, mi madre gritó: -“¡Esto me pasa por no haber abortado a tiempo!”
-¿Lo
decís por mi hermano?
-¡Estúpido:
sos hijo único!
-Ah...
–y tras reflexionar quince minutos volví a la cocina y le pregunte:-
Entonces... ¿lo decís por mí?
Mi
padre me ignoraba, pues estaba cien por ciento dedicado a su trabajo de
tatuador. Un día me mandó al almacén y, al no encontrar birome y papel, ME
TATUÓ LA LISTA DE COMPRAS EN EL BRAZO. Es por eso que uso pulloveres hasta
en la playa: no quiero que nadie sepa que llevo marcado para siempre en la piel
“1 manteca chica, ½ de pan y 2 latas de
alberjas”. Encima eso: no pudo haber escrito “arvejas” como la gente.
Cuando tenga un hijo voy a vengarme tatuándole bien grande en la espalda la
palabra “fatura”.
Este
tema siguió presente en mi vida: durante mi adolescencia estaba muy acomplejado
por el reducido tamaño de mi miembro viril y me hice tatuar una carita feliz en
el glande, así tenía la tranquilidad de creer que las mujeres se reían de eso y
no de lo chiquito que era.
De
todas maneras, fue una época marcada por las más variadas experiencias
sexuales. Un día iba caminando por Lavalle y un tipo parado en una esquina me
dice por lo bajo: “chicas, chicas”. “No, no: mi nombre es Sebastián”, le
contesté indignado y me fui. Varias cuadras después vi a otros diciendo lo
mismo y comprendí que estaban ofreciendo prostíbulos. Entonces volví gritando:
“Sí, sí: ¡yo, yo, chicas, chicas!”. El tipo me condujo hasta un reducto pobremente
iluminado en el cual había un amplio mostrador y tres cajeras con gorrito.
Arriba había un cartel con los diferentes servicios y precios.
-Bienvenido
a “Mc.Orgasmo” –me dijo la cajera- ¿Qué puedo ofrecerle?
-Quisiera
un combo 2 con fellatio, penetración anal y una Coca Diet de regalo.
Fui
hasta un cuarto con una de las chicas. El servicio de “Mc.Orgasmo” es tan bueno
que, si no acabás a los 10 minutos, te dan una hamburguesa gratis. Me acosté
con ella (con la chica, no con la hamburguesa) pero me costaba concentrarme.
Estuve casi todo el tiempo mirando el taxímetro encendido que pusieron en la
pared y tenía miedo de no llegar con la plata.
-¡Me
bajo acá, me bajo acá! –le grité. Luego, como no quiero estafar a mi país, le
pedí una factura B con IVA discriminado (en la que anotó “1 polvo” $35) y me
fui pensando que el sexo ya no es lo que era antes.
Meses
después descubrí que lo único que me excitaba era que me dijeran los nombres de
escritores famosos durante el coito. Nunca supe las causas, pero era inevitable.
Un “¡Roberto Arlt!”, un Dalmiro Sáenz o un Bioy Casares me llevaban al orgasmo.
Mis ocasionales compañeras no comprendían cuando yo les decía “¡Gritame
Cortázar, gritame Cortázar AHORA!”. Ojo: si nombraban un Jorge Bucay, un
Cohelo, un Poldy Bird o un Corín Tellado me sobrevenía un denigrante abismo de
impotencia.
Todo
esto se me pasó cuando me advino una fiebre misticista. Descubrí que la vida
era un cúmulo de energías entrecruzadas que nos afectan con su interacción y
que hay espíritus entre nosotros, así que me convertí en un fanático del juego
de la copa. Invoqué a un montón de próceres y famosos y ninguno vino. Un día me
cansé y tiré mi tabla ouija a la basura mientras gritaba “¡Claro, ustedes van
solo si los convoca un espiritista más conocido que yo, almitas vanidosas de
fantasmitas boludos!”. Pero me calmé al descubrir cual era mi error: necesitaba
ayuda de otras auras. Y entonces llamé a mis 3 mejores amigos: los trillizos
Cleclo. Nos sentamos en círculo alrededor de la tabla y poniendo un dedo cada
uno al borde de la copa, dije: -“Espiiiiritu, espiiiiritu, si, a vos te hablo, espíritu:
manifiéstate, manifiéstate, manifieeeeestate!”
¡BLUM!
De golpe oímos cerrarse la puerta de la cocina.
-Me
voy a mi casa –dijo Juan Cleclo.
-Yo
también –agregó Ramiro Cleclo.
-Y
yo –opinó Miguelito Cleclo, el menor.
-Amigos
cobardes maricones pelotudos –manifesté con furia- Si logro hablar con este
espíritu le voy a decir que les haga la vida imposible y los asuste hasta
matarlos.
-Bueno,
esta bien yo me quedo –argumentó Juan.
-Creo
que quedarse es una buena idea –arguyó Ramiro.
-En
realidad me iba porque se iban mis hermanos –explicó Miguelito.
Entonces
–totalmente poseído por una mezcla de miedo y entusiasmo- grité agitando los
brazos en todas las direcciones en las que me fue posible: -¡Oh, espiritú, oh,
amigo espiritú! Te hemos convocado para conocerte y ayudarte, sabemos que estás
aquí porque tienes tareas pendientes que no has podido finalizar en vida,
¿verdad?
La
copa se movió.
-¡Se
movió! ¡La copa se movió! –exclamó Juan Cleclo, en un estado de sobreexcitación
histérica.
Intenté
aplacar los ánimos y dije “¡Callense!” mientras me ponía a llorar del
nerviosismo.
De
pronto – y juro que esto es real- el espíritu agarró la copa, se la llevó por
la ventana, cavó un pozo en el jardín del fondo y la enterró.
Traje
otra y pregunté: -¡Oh, espíritu inquieto, ¿quién eres?
Y
se formó la frase: “U-N-P-E-R-R-O”
-¿Unperro?
–pregunté- ¿ese es tu apellido?
“N-O,
N-O, I-M-B-E-C-I-L, S-O-Y U-N P-E-R-R-O, U-N A-N-I-M-A-L Q-U-E H-A-C-E G-U-A-U”
En
ese instante mis tres mejores amigos se levantaron de la mesa diciendo:
-Sos
un pelotudo, Sebastián, sos el único nabo que hace el juego de la copa e invoca
un animal.
-Bueno
–argumenté- es una experiencia nueva, nadie habló nunca con un espíritu canino.
-No
nos vas a convencer. Los medium de
verdad no invocan chihuahuas.
Mientras
dicutíamos, el ánima del perro me volvió a afanar otra de las copas y la
enterró en el jardín.
Esta
experiencia me frustro en todo sentido. Y aún hoy me sigue apareciendo vajilla
enterrada en el fondo. Me sentí tan humillado que el año siguiente decidí
integrarme a la mafia italiana.
Pero
eso lo contaré en el próximo número. CONTINUARÁ...
(Los
dejé con la intriga, ¿eh? Es innegable que soy un maestro para manejar los
tiempos dramáticos).
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Sección dudas
¿LAS COSAS DE MACHOS SON DE PUTOS?
Preguntas:
·
Si las cosas “de hombres” son las que no les gustan a las mujeres ¿van
a seguir siendo “de hombres” cuando a ellas les gusten?
·
Si la
masculinización de
la mujer derivó en la feminización del hombre ¿eso nos terminará llevando a un equilibrio perfecto?
·
¿O en el fondo
estoy siendo demasiado optimista y en realidad estamos dirigiéndonos al
desequilibrio absoluto?
·
En ese caso ¿del
desequilibrio absoluto no podría nacer el equilibrio perfecto?
·
¿Sigue
existiendo “lo masculino” y “lo femenino” o ya está todo mezclado?
·
Opiniones a:
pasquinapologia@yahoo.com
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Sección Pasatiempos
MINICRUCIGRAMA
Horizontales: 1)
Arbusto de Guatemala. / 4) Perdón, me confundí: la definición 1 era arbusto de
Brasil. / 6) ¡Qué boludo! Por definir la definición 1 en la 4 no definí la 4 /
8) Bueno, les juro que en la 4 Vertical defino ésta y las tres anteriores y ya
está.
Verticales: 1) No
es por ser indiscreto, pero ví a la 1 vertical saliendo de un telo con una 6
horizontal. / 2) ¿En serio? Mirá: yo no es que sea racista, viste, pero salir
con una horizontal es un quemo. / 3) Espacio disponible para publicidad. / 4)
Acá están las definiciones atrasadas de las horizontales: arbusto de Tokio -
arbusto de Ucrania - arbusto de Nepal. Gracias.
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Sección Diálogos imbéciles y
faltos de inspiración para ocupar espacio (había conseguido una publicidad,
pero el publicista se arrepintió y me quedó el espacio vacío)
-Hola.
-Tonto.
-¡¡Oh!!
-¡Ah!
-¡Ah, eh, ih, oh, uh!
-Ha.
-He.
-Hi.
-Ho.
-Hu.
-Abcdefghijklmnopqrstuvwxyz.
FIN (perdón, es que estoy muy borrachou comoh para improbissar algomás
profundok)
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Sección Bondad & Maldad S.A.
¿PUEDE MEDIRSE LA MALDAD?
En realidad: ¿qué es ser malo? ¿hay
niveles de maldad? ¿la maldad es relativa? ¿se elige ser malo o a veces no queda otra? ¿la maldad es más interesante que la bondad o es que tiene
mejor marketing? Estas y otras preguntas son las que intentaré develar a lo
largo de esta investigación que publicaré en los números subsiguientes de
“Apología”. Para empezar, haré un rápido esbozo de algunas tipologías de “malos”:
El malo cómodo: Auténtico malo egoísta, como los que se hacen los
dormidos en el colectivo para no ceder el asiento a embarazadas o las ancianas
que exageran su cansancio para que les cedan el asiento.
El malo rencoroso: Curioso personaje que se volvió malo porque cuando
fue bueno lo hirieron y se abusaron de su bondad. Ahora es desconfiado y quiere
tomar revancha por tanto maltrato en el pasado.
El malo sádico: Es el que goza con su maldad, como aquellos
compañeros de escuela que golpean a los niños más débiles. A lo largo de
nuestras vidas también hemos visto como esta clase de malos abunda en niveles
más políticos y manejando crueldades más institucionalizadas.
El malo poderoso: Esta es una raza peligrosa. Es el que consigue un
poco de poder -aunque sea mínimo- y comienza a tener miedo de perderlo. En ese
estado hará todo lo que pueda por conservarlo.
El malo místico: Otra especie de cuidado. Son sumamente religiosos
(y uso la palabra religión como sinónimo de otras cosas) y tienen la capacidad
de manejar la culpa y las emociones ajenas como plastilina. Más allá de su
prédica fanática y ciega, el prójimo no les interesa en lo más mínimo. Cada
“religión” tiene sus malos místicos y no son necesariamente las cabezas
visibles ni los más poderosos.
El malo chanta: Este es el más pesado, tal vez por ser uno de los
más cotidianos. Es egoísta como el “malo cómodo”, insensible como el “malo sádico”
y sabe manejar la culpa como el “malo místico”, amén de ser invasivo,
insistente, simpático y abusador. Creo que muchos hemos tenido amigos así.
El malo hipócrita: Otro ejemplar que abunda. Variedad de malo chanta
que se la pasa dando coimas y buscando ventajas y después lo oímos decir: “¡Que
corruptos son los políticos! Así nunca vamos a salir adelante...”
Bien, he intentado dar una breve pincelada sobre
algunos aspectos de la “maldad” (con “m” minúscula). De todos modos, es sabido
que llevamos una mezcla de mal y bien dentro nuestro y estamos debatiéndonos
constantemente entre ambos (lo que resulta lógico si tomamos en cuenta que a
veces resulta demasiado difícil diferenciarlos).
En el número que viene trataré de averiguar
realmente que significa ser “malo” y si es una elección o un destino.
Y si tienen nuevas categorías de “malos”, mándenlas.
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Sección Preocupaciones
POLÍTICA
Hablemos de política.
Política, política, política,
política, política, política, política, política, política, política.
No asumir una postura política
también es política y los políticos están ahí, aunque
tratemos de olvidarlos y hacer que no están y despreocuparnos de ellos y la
política sigue persiguiéndonos y afectándonos.
Política, política, política, política,
política, política, política, política, política, política.
¿Entonces, qué?
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Sección paranoias
PARANOIAS
·
Que me cercenen la garganta desde la butaca de atrás
cuando estoy en el cine.
·
Que mi familia sea adoradora de Satán y sus
personalidades simpáticas se tornen macabras.
·
Despertar dentro de un ataúd mientras me están
cremando.
·
Que me operen sin anestesia.
·
Prender la tele y ver mi cara en algún programa
periodístico tipo Biazatti con un cartel abajo diciendo “Violador de niños - Se busca”.
Mande sus paranoias a nuestra dirección de mail y participe en nuestro
sorteo “Yo quiero ser paranóico, ¿y ud.?”. La paranoia
más enferma se hará acreedora a una remera llena de ojos que lo vigilarán DÍA
Y NOCHE. Gracias.
-------------------
Sección correo de lectores
E-Mail: pasquinapologia@yahoo.com
Nota: Algunos mails fueron resumidos por cuestiones de
espacio.
Cine de terror:
Queridísimos amigos de pasquin “Apología”: Les envío este
misiva para hacerles partícipe de una duda que me aquejó hoy mientras miraba
una película de terror en casa. No podía comprender por donde pasaba el placer
de verla. Tenía miedo, pero ¿por qué el miedo me era placentero? Y teniendo en
cuenta que vuestra publicación hace un especial hincapié en todo lo que implique
cuestionamientos decidí escribirles. [...] Hernán
Serrés, Burzaco.
N.R.:
Si nuestros eruditos lectores no te responden antes cual es el placer que
ejerce el terror sobre nosotros, te prometemos una investigación especial en
los números subsiguientes.
La desconfianza me violenta: Les escribo para contarles algo sumamente curioso que me está
sucediendo por causa de la ola de inseguridad que se apropió de nuestra ciudad.
Tengo 23 años y mi aspecto no es nada amenazante. Pero últimamente cada vez que
salgo de noche veo que la gente está perseguida. Si camino atrás de alguien,
comienzan a ir más rápido, si voy tomando cerveza las señoras me miran de reojo
con desconfianza. Y no puedo creer que me tengan miedo solo porque soy un
hombre solo que camina por la calle. Ese temor en ocasiones me hace sentir
violento. ¡Odio que desconfien de mí cuando yo nunca le hice nada a nadie!
¡Odio esta psicosis imbécil de todos desconfiando de todos! ¿Y les digo lo peor
que me pasó? Hace poco sentí por primera vez el placer de que me teman. Es un
poder extraño que nunca creí que iba a sentir, pero la
inseguridad misma y los asaltos y la manija que le dan los medios a este asunto
instaló el terror en nuestras cabezas. Y creo que inspirar miedo tiene un
costado divertido. Al fin y al cabo soy un efecto colateral de este miedo
generalizado. [...] Santiago Marquez,
Cap.Fed
Culpa por todo, culpa por todo: Sres.y señoritos de “Apología”: ¡Hola! Leí por casualidad el nº2 de
su revista y me pareció interesante un par de enfoques que tienen sobre las
debilidades de cada uno. Quería hablarles de un tema que me está afectando casi
hasta la obsesión: la culpa. Todo me da culpa, todo me hace sentir mal. No sé
que actitud tomar ante la vida, si disfrutar del dinero o no gozar de nada porque
hay gente muy pobre que no tiene para comer. Me siento mal de haber tenido una
educación de clase media cuando hay personas que no tuvieron la mínima
oportunidad. Amigos míos me dicen que no, que soy una estúpida, que yo no tengo
la culpa de la pobreza y el hambre en el mundo. Entonces ¿cómo hago? ¿comienzo a lavar mis culpas dando plata? ¿y
si regalo todas mis pertenencias y me vuelvo pobre se irá la culpa de una vez
por todas? ¿la pobreza ma hará pasar del lugar de
exigida al lugar de exigidora? [...] Marta
Lainez, Capital
Anónimo: Esta mañana (