DIÁLOGO XXIII:

DE LA LUCHA CONTRA LOS DESTRUCTORES DEL SISTEMA

(Nota: Aznar, cuando fue Presidente de España, jamás dialogó con el Presidente de la Comunidad Autónoma vasca (Euskadi). Cuando éste propuso hacer un encuentro para tratar el tema de ETA, se negó rotundamente a hablar con él. En ese contexto, discutían nuestros amigos)

Hallábanse Pregúntocles y Mamertonio discutiendo cuando acertó a pasar Sócrates. Al notar su presencia, cesaron su discusión y Pregúntocles interpeló así a Sócrates.

Pregúntocles: Maestro: mi amigo Mamertonio no comprende por que está mal lo que ha dicho Alcibíades, que no ha querido estar presente en la Asamblea que ha convocado el líder de los vasconios para apoyar su lucha contra los etírricos.

Mamertonio: Pero Sócrates!: no puedo comprender que esto esté mal, pues el propio Jefe de Justicia del General lo ha dicho claramente, y el Jefe de Justicia no podría equivocarse tanto en algo tan esencial... El ha dicho que no apoyarían el acto porque, en el fondo, tanto el jefe de los Vasconios como los etírricos, están pensando en lo mismo: en la secesión de la Vascolia.

Pregúntocles: pero si los etírricos están causando mucho daño, y su daño es que asesinan, roban y extorsionan a quienes no piensan como ellos, convirtiendo así su vida en un atentado directo a la democracia: ¿no es justo que primero nos aliemos para derrotarles y luego dirimamos las diferencias entre los que creemos que es más importante la vía pacífica?

Sócrates, viendo que iban a recomenzar la discusión delante suyo, les llamó al orden y dijo:

SÓCRATES: Respondedme ante todo: ¿cuál es la misión más sagrada por la que ha de velar el Gobierno de la Ciudad?

MAMERTONIO: el bienestar de los ciudadanos.

SÓCRATES: Y tal como sabemos, el bienestar donde comienza?

PREGÚNTOCLES:   en el alma, evidentemente-.

SÓCRATES: Y cuando se habla de “los principios”, no se está también hablando de aquellos comportamientos que si no son observados, nos corrompen el alma?

 

PREGÚNTOCLES:   Quienes no tienen principios pueden obtener fines materiales, pero se convierten en “desalmados”, pierden su alma.

 

MAMERTONIO: La obligación del Gobierno de la ciudad, además de velar por nuestro sustento básico, es velar por nuestra alma y dar ejemplo de que sin alma, somos iguales que los animales.

 

SÓCRATES: ¿Y cuando un gobierno lucha contra un grupo que no respeta los principios mas sagrados que son: el derecho a la vida y el del derecho de los demás a pensar y querer cosas diferentes a las nuestras, aunque nos molesten: tiene derecho a utilizar todas las armas a su disposición?

 

MAMERTONIO: si

PREGÚNTOCLES: No

MAMERTONIO: si, o bueno, a veces sí

PREGÚNTOCLES: No, o bueno, a veces no...

 

SÓCRATES: Un sabio sabe que su conocimiento está basado en un 90% de certeza y un 10% de incerteza, por lo tanto, y esta es la grandiosidad de nuestro descubrimiento de la democracia, siempre debe dejar un resquicio para la Duda, que es la parturienta de la Verdad, por si él se equivoca.

 

PREGÚNTOCLES:   Claro, que es lo que no hacen los fanático: ellos se creen con la verdad absoluta y ello les da derecho inclusive sobre la vida y la muerte de sus semejantes.

 

SÓCRATES: Por eso somos diferentes de ellos, y por eso, y para dar enseñanza al alma del pueblo de que no somos bestias irracionales, hemos de actuar de acuerdo con nuestros principios. Y no utilizar las mismas armas que el enemigo innoble pues, aunque así consigamos una victoria, será como la de nuestro recordado Pirro: ganar un pequeño bien para caer en un inmenso mal, que vaciará nuestra vida de sentido.

 

PREGÚNTOCLES:   Si el Gobierno utiliza las mismas armas que su enemigo, o sea, mata a quienes no piensan como él, se pone exactamente a su altura y da pie a que cada uno piense que puede asesinar al asesino, robar al ladrón, estafar al estafador y violar al violador, quintuplicando el número de asesinos, ladrones, estafadores y violadores, de idea o de hecho.

 

SÓCRATES: ¿Y quien podrá criticar en nombre de los principios del alma a los delincuentes, si ellos no hacen más que repetir lo que el Gobierno de la Ciudad les ha enseñado?

 

MAMERTONIO: Nadie. Les estaremos dando la razón. Aunque así los hagamos desaparecer, lo que importa son los medios, no los fines.

 

SÓCRATES: Bravo, Pregúntonio: Y ahora que hemos llegado a esta conclusión, dime:  el Jefe de los Vasconios, quiere lo mismo que los etirrinos?

 

MAMERTONIO: Tienen un punto en común: ambos quieren llegar a la escisión de Vascolia.

 

SÓCRATES: Y por que, si tienen un mismo fin, uno llama a luchar contra el otro?

 

PREGÚNTOCLES:   porque uno lo propone por medios pacíficos, y el otro pretendiendo imponer la violencia y el terror.

 

SÓCRATES: Y por que se opone Alcibíades a apoyar la Asamblea Popular contra los Etirrinos del Jefe de los Vasconios

 

PREGÚNTOCLES:   Ya lo ha dicho el propio Jefe de Justicia del gobierno: porque en el fondo ambos persiguen  el mismo fin.

 

SÓCRATES: ¿Pero no hemos dicho que en el alma del sabio debe haber lugar para todas las ideas, inclusive para aquellas que no le agraden?

 

PREGÚNTOCLES:   Sí.

 

SÓCRATES: ¿Y que la acción del Gobierno de la Ciudad debe tener por fin asentar en el alma de los ciudadanos mediante el ejemplo que sin principios y sin alma es inútil vivir?

 

MAMERTONIO:

 

SÓCRATES: Y si alguien que está elevado a una categoría de Sacerdote Mayor propone igualar al asesino y al hombre de bien, solo por que ambos quisieran que su país dejara de formar parte de otro, diremos que se trata de alguien sano, sabio y buen gobernante?

 

PREGÚNTOCLES:   No, Sócrates: Diríamos que se trata de alguien que se ha disfrazado de persona elevada, de alma evolucionada, pero que, en cuanto tiene oportunidad, muestra una cara tan bestial como aquellas bestias que buscan su fin por cualquier medio, pues su cargo multiplica su engaño por diez mil.

 

SÓCRATES: Discípulos míos. Veo que aprendéis fácilmente. Llegaréis lejos en el camino de la evolución, sin duda. Pero estos problemas, en cuanto el mundo evolucione, seguramente no desaparecerán, porque siempre habrá bestias con piel de cordero que engañarán al pueblo para conseguir dignidades a las que llenaran de indignidad.